Rentabilidad VS Cultura


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Hay zonas de una ciudad que pasan a formar parte de ella y la enriquecen. Son lugares que, con el paso de tiempo, se construyen e identifican en las urbes como espacios culturales que buscan algo más que meros intereses comerciales. La polémica no vuelve abrirse porque nunca se fue. El foco de atención se centra ahora en Sevilla, donde la entrada en vigor de una modificación en el Plan General de Ordenación Urbana de la capital, pone en riesgo la permanencia de los Cines Alameda, Avenida y Cervantes. Los tres son considerados emblemas dentro del panorama cinematográfico del centro histórico. El Cine Avenida es el único que proyecta en versión original, el Alameda fue centro cultural del barrio donde se ubica y el Cervantes sigue sumando historia al que fuera el teatro más antiguo de la ciudad. Ahora, por dicha normativa, dejan de ser considerados Suelo de Interés Público y Social. El riesgo, recae sobre todo en el Cervantes, con menor rentabilidad que el resto. La política está servida y, aunque los actuales propietarios no pretendieran modificar el uso que ahora se les da a estos edificios, quedan sin garantías. Legalmente pueden cerrarse. Las voces comienzan a oírse: “Salvar los cines del centro de Sevilla” es la proclama que ha utilizado un vecino de la ciudad para reunir en menos de dos semanas más de 3.000 firmas a través de la plataforma Change.org. Pero esto no es nuevo, Granada vivió el cierre de los Multicines Centro (las salas más antiguas de la ciudad) en agosto del pasado año. La competencia de los cines comerciales, las descargas y la crisis fueron las causas principales, a ello se le suman los nuevos hábitos de consumo.

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No sólo es cuestión de cines, la Negra y Criminal, librería barcelonesa especializada en género policíaco, se enfrenta al cierre definitivo por escasez de ventas. Las ventas no se han perdido, se han trasladado a las franquicias y grandes superficies. Y así se contó también el naufragio de la catalana Catalonia, que cedió sus muros a un Mc Donalds, como ya ocurriera con cientos en nuestro país. Pero no sólo lo clásico y veterano se pierde. También el espacio artístico La Carpa de la capital sevillana (inaugurado en 2012) y punto de encuentro de distintos colectivos (Varuma Teatro, Cuarteto Maravilla, Cuarto Revelado, Engatosarte y La Jarapa) clausuró sus puertas en mayo de 2014 por conflictos con el Ayuntamiento. Que los centros comerciales y las franquicias arrasan con el pequeño comercio no es ninguna novedad y ocurre en todos los ámbitos. Política, mercado y conciencia social manejan los tres extremos de un problema que no beneficia en modo alguno al arte en cualquiera de sus vertientes. Pero si además, las políticas públicas y los reglamentos municipales no facilitan el crecimiento de la cultura independiente, sino que contribuyen a su deterioro, la tendencia de estos espacios será a la desaparición. El arte no puede contabilizarse ni fomentarse como mercancía carente de sentido si queremos que se reconozca como lo que es: un valor en sí mismo.